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Las ballenas francas del Atlántico Norte ya son una especie en peligro

16 de diciembre de 2017 - Quince ballenas francas del Atlántico Norte aparecieron muertas en las aguas de Estados Unidos y Canadá el último verano, un evento de mortalidad masiva sin precedentes. Para una especie altamente amenazada con sólo un poco más de 500 individuos, este hecho implica un gran retroceso en su recuperación y representa una pérdida del 3% de la población total.

Los investigadores explican que la ballena franca del Atlántico Norte, especie que ya se encuentra en peligro de extinción, podría enfrentarse a un futuro incierto. La necropsia de 7 individuos confirmó que 6 murieron por causas humanas (4 por colisiones con embarcaciones y 2 por enmallamientos en redes de pesca) y una necropsia tuvo resultados inconclusos. Además del increíble número de muertes, los científicos quedaron desconcertados por el lugar en el cual se encontraron la mayoría de los restos: 12 ballenas se encontraron en el Golfo de San Lorenzo, Canadá, mucho más al norte del rango típico de distribución de la especie.

¿Acaso el clima juega un rol en este misterio? ¿Y cómo le irá a la población sobreviviente de esta ballena en el próximo siglo ante distintos escenarios climáticos? Erin Meyer-Gutbrod, ecóloga de la Universidad de California en Santa Bárbara, abordó estas cuestiones en una nueva investigación que llevó a cabo en la Universidad de Cornell junto a su asesor doctoral y coautor, Charles Greene.

El estudio vincula las dos influencias ambientales de mayor importancia sobre la demografía y crecimiento poblacional de la ballena franca del Atlántico Norte: tasas de reproducción limitadas por cantidad de presas y muertes por causas humanas. El estudio además destaca la gran influencia de las fluctuaciones de las presas dependientes del clima sobre el crecimiento poblacional de las ballenas. Los resultados aparecen en la revista científica Global Change Biology, en inglés.

“Predecimos cómo será el crecimiento de la población de ballenas francas del Atlántico Norte dadas las futuras situaciones de disponibilidad de alimento mediadas por el clima y las tasas de mortalidad provocadas por el ser humano” dijo Meyer-Gutbrod, becaria posdoctoral en el Instituto de Ciencia Marina de la Universidad de California en Santa Bárbara.

Para la ballena franca del Atlántico Norte, de casi 70 toneladas, encontrar comida es un gran desafío dado que se alimenta de pequeños animales del tamaño de granos de arroz. Como su comida es tan pequeña, las ballenas francas deben ocuparse de encontrar bancos muy densos de este zooplancton para así poder mantener una dieta que las sustente. En los años en que la comida escasea, las hembras no almacenan suficiente grasa como para quedar preñadas o alimentar a sus crías.

Los fenómenos climáticos que ocurren bien lejos en el Ártico y Atlántico Norte pueden influenciar la cantidad de comida disponible para la ballena franca del Atlántico Norte en y alrededor del Gofo de Maine, lugar en el que habitualmente se encuentran. Las tasas de nacimiento responden a estos cambios climáticos. En los 90’, la población de ballena franca detuvo su crecimiento cuando la provisión de alimento disminuyó. En la primera década del nuevo milenio las concentraciones de zooplancton dieron un salto y nacieron muchas crías, dándose así una recuperación de esta especie amenazada.

Sin embargo este resurgimiento no duró mucho. Desde 2010 las tasas de natalidad han comenzado a decaer nuevamente, de modo parecido a lo que sucedió en los 90’. Esta especie se encuentra bajo mucha presión dadas la alta tasa de mortalidad por causas humanas y la baja tasa de natalidad limitada por el alimento.

Meyer-Gutbrod y Greene han construido modelos demográficos que muestran que incluso ante condiciones normales de abundancia de presas, el evento de mortalidad masiva del verano pasado causará un declive poblacional.

Meyer-Gutbrod explica que “durante periodos de baja disponibilidad de alimento, las tasas de natalidad caen en picada, y la población de ballena franca tiene incluso menor poder de recuperación ante eventos de colisiones con embarcaciones y enmallamientos en redes de pesca”. Además agrega que “a medida que las aguas del golfo se calientan, y las presas de las ballenas francas cambian su rumbo al norte en busca de aguas más frescas, puede que las ballenas no alcancen a reproducirse lo suficientemente rápido como para reemplazar a todos los animales que mueren. Esto es particularmente trágico dado su bajo número poblacional actual”.

Los científicos han trabajado junto a los gobiernos de Estados Unidos y Canadá para implementar políticas que reduzcan los riesgos para las ballenas en estas aguas tan transitadas. Es crítico que se modifique la velocidad de navegación y los equipos de pesca para disminuir la tasa de mortalidad por causas humanas. Sin embargo la disponibilidad de presas de la ballena franca es mucho más difícil de controlar.

El estudio de Meyer-Gutbrod y Greene puede ayudar a guiar planes de manejo al demostrar la interacción entre estos factores ambientales. Sin embargo, antes que los científicos y los gestores de planes de manejo puedan evaluar la eficacia de nuevas iniciativas políticas, deben entender que todos los cambios de gran importancia en el ambiente de la ballena franca del Atlántico Norte ocurren de un año al siguiente.

“Es de importancia crítica entender todas las variables y tener en cuenta los cambios en los nacimientos y en las muertes si queremos determinar qué necesita la población para sobrevivir y prosperar”, dice Meyer-Gutbrod.


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Fuente de la historia: Material provisto por la Universidad de California – Santa Bárbara. Nota: El contenido puede estar editado en estilo y largo del texto.

Fuente de publicación:
Erin L. Meyer-Gutbrod, Charles H. Greene. Uncertain recovery of the North Atlantic right whale in a changing ocean. Global Change Biology, 2017; DOI: 10.1111/gcb.13929

Traducción al castellano: Nicolás Lewin, voluntario del Instituto de Conservación de Ballenas


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Ballena Franca del Norte enmallada. Foto: NOAA
Solo quedan 500 ballenas francas del norte. Foto: Center For Coastal Studies, NOAA