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El Fallo de la Corte e sobre la Cacería Científica de Japón: Reflexiones desde el ICB

Una voz, mil voces de justicia por la vida de las ballenas

“Siglos de siglos y solo en el presente ocurren los hechos;innumerables hombres en el aire,en la tierra y el mar, y todo lo que realmente pasa me pasa a mí.”
El jardín de senderos que se bifurcan, Jorge Luis Borges 


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El pasado 31 de marzo, la Corte Internacional de Justicia de La Haya ordenó al gobierno de Japón el cierre de sus operaciones de cacería “científica” de ballenas en la Antártida, respondiendo a una demanda del gobierno de Australia. La Corte entiende que el llamado Programa Japonés de Investigación sobre Ballenas en el Antártico bajo Permiso Especial (conocido como JARPA II) no cumple con el propósito de investigación científica de los estatutos que rigen la Comisión Ballenera Internacional, y por lo tanto, no es ciencia.

Además, estas matanzas violan la integridad del Santuario del Océano Austral, un área de los mares que rodean la Antártida donde la caza de ballenas está prohibida, y donde sin embargo Japón realizaba (¿realiza? ¿realizará?) sus actividades ilegales cada verano.

Si bien este fallo marca un hecho histórico a favor de la conservación de las ballenas y de la gobernanza de los océanos, no representa el fin de la cacería “científica”, o para decirlo en términos más explícitos, el fin de la farsa de la ballenería comercial disfrazada de ciencia. Esto es así porque Japón lleva adelante otro programa similar en el Pacífico Norte (llamado JARPN II), que representa la pena de muerte para casi 300 ballenas de cuatro especies durante el verano boreal que se avecina. Hoy, esas ballenas nadan libremente en el océano Pacífico. En unos meses, habrán muerto bajo los arpones “científicos”, ahogadas y desangradas. Ningún gobierno ha denunciado este programa como ilegal, y por lo tanto, las matanzas bajo arpones japoneses, continúan.

¿Ciencia?

Con este histórico fallo, el Instituto para la Investigación de Cetáceos de Japón (Institute for Cetacean Research, ICR) ve su programa “científico” letal sumido en el desprestigio internacional. No lo decimos desde la sociedad civil sin fundamentos, sino que lo decimos nada menos que con el aval de la Corte Internacional de Justicia y su decisión irrevocable.

La ciencia utiliza sus métodos para solucionar preguntas cuyas respuestas desconocemos. ¿Qué preguntas podían necesitar de 14.000 ballenas muertas para ser respondidas con verdaderos métodos científicos? Cuando por los laboratorios del ICR habían pasado ya, digamos, 8.000 cadáveres de ballenas y las preguntas seguían sin tener respuesta, ¿no podrían los investigadores haber sospechado que “algo” andaba mal en sus métodos?

Si el gobierno de Japón hubiera invertido las decenas de millones de dólares que malgastó en su programa de cacería comercial encubierta, en un verdadero programa de investigación basado en técnicas no letales, hoy Japón brillaría entre las naciones más avanzadas del mundo en su conocimiento científico sólido y útil acerca de las ballenas, sus fascinantes aspectos biológicos que aún desconocemos y sus necesidades de conservación más básicas.

Senderos que se bifurcan

Luego del fallo del 31 de marzo, los gobiernos del mundo han quedado parados, inevitablemente y como en una metáfora borgeana de los tiempos actuales, frente a senderos que se bifurcan.

Los gobiernos no balleneros pueden tomar el sendero de la inacción y seguir observando la matanza anacrónica de ballenas sin hacer nada o emitiendo de tanto en tanto algún comunicado de prensa condenando la actividad, sin que estos comunicados tengan ninguna consecuencia real para salvar la vida de las ballenas y fortalecer el respeto por los acuerdos internacionales de los que son parte.

O bien, pueden tomar las riendas del asunto como valientemente hizo Australia e iniciar acciones legales para detener también la cacería de ballenas en el Pacífico, y así, pasar a tener un rol destacadísimo en la historia de la conservación mundial.

Pero sobre todo y por encima de todos los demás, es el gobierno de Japón el que se enfrenta a la máxima disyuntiva. Hoy, Japón puede seguir empecinado en mantener a flote la moribunda industria ballenera. O bien, puede elegir caminar un sendero de gloria de cara al futuro, respetando de modo definitivo la decisión de la Corte sobre sus actividades en la Antártida, y además, finalizar por decisión propia su programa de cacería en el Pacífico. Visto desde una mirada positiva desde la perspectiva nipona, el fallo de la Corte “en contra” puede volverse “a favor”. Así, Japón puede salir airoso del brete en el cual se ha sumido a sí mismo desde hace 27 años, aprovechar la preciosa oportunidad que tiene en sus manos y tomar una decisión sabia que le traerá muchos más aplausos que rechazos desde la comunidad internacional.

Hoy, la voz de la Corte hizo justicia. Hay otra voz, la de Japón, que puede unirse a este histórico hecho de justicia, si sabiamente decide finalizar las matanzas de ballenas en todos los mares.www.pass4suresale.com Y entonces seremos miles de voces más las que diremos “ahora sí, se hizo justicia”.
Cordialmente,

Dr.MarianoSironi
Director Científico
Instituto de Conservación de Ballenas 


 Se puede difundir citando la fuente. © Instituto de Conservacion de Ballenas


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Mariano Sironi, Director científico del ICB junto a Barbara Galetti, investigadora del Centro Conservación Cetacea tomando biopsias para estudio de ADN de ballenas azules en el sur de Chile. A través de técnicas no letales es posible aprender sobre la vida de las ballenas sin necesidad de cazarlas.