Conociendo a la Ballena Franca Austral
Ciclo de Vida

¿Cómo se reproducen?

Como todos los mamíferos, las ballenas son vivíparas: la cría se desarrolla completamente dentro del cuerpo de su madre. En la Ballena Franca Austral la gestación dura doce meses, a cuyo término nace una única cría. No hay registro de nacimientos de mellizos en esta especie.

Las ballenas no forman pareja. Según la especie, tienen distintos modos de aparearse, y el de las Ballenas Francas es uno de los más curiosos. Comúnmente se forman grupos de cortejo y cópula, integrados por una hembra y varios machos. Ellos compiten entre sí e intentan aparearse con la hembra. Incluso, suelen darse “peleas” entre machos que, utilizando las callosidades de sus cabezas -así como los ciervos emplean sus cornamentas-, compiten entre sí para aparearse con la hembra.


La hembra es muy selectiva al momento de permitir la cópula, y estimula la competencia entre los machos. Sin embargo, la verdadera competencia es entre sus espermatozoides, dentro del cuerpo de la hembra. Así, el padre de su  cría de la temporada, y el que le transmitirá sus genes, será el macho “más fuerte y sano”.

Muchas ballenas que paren en Península Valdés no son vistas allí el año anterior. Esto indicaría que la cópula con fertilización se da en otras áreas. Por eso se habla de Península Valdés como área de cría, ya que no existe la certeza de que los ballenatos hayan sido concebidos allí.

¿Quién será el padre del futuro ballenato? Los científicos sostienen que se da una “competencia espermática”. Los machos de Ballena Franca producen una enorme cantidad de esperma, que contiene los espermatozoides. Y la competencia ocurre dentro del cuerpo de la hembra, entre los espermatozoides de varios machos. Entonces, el que produzca más cantidad de esperma tendrá más probabilidades de fecundar al único óvulo de la hembra.

Los machos no participan en el cuidado de las crías, y se desconoce quién es el padre de cada ballenato. Sólo es posible reconocer a la madre, ya que permanece siempre junto a su cría durante los primeros meses de vida de ésta.

Una manera de conocer las relaciones de parentesco entre las ballenas es analizando su ADN (material genético). Para lograrlo, los investigadores toman pequeñas muestras de piel para estudiar el ADN de sus células.

Nacimiento y desarrollo de los ballenatos 

Cada año, entre las ballenas que llegan a Península Valdés, un gran número son hembras preñadas, y entre julio y agosto ocurre la mayoría de los nacimientos. Es el acontecimiento más esperado por todos. El ballenato ve por primera vez la luz y respira aire fresco ayudado al principio por su madre, quien lo empuja hasta la superficie. Enseguida empieza a sentir hambre y su madre lo amamanta con una leche espesa, que contiene mucha grasa para un rápido crecimiento. 

Durante su primer año de vida el ballenato toma leche, que la madre arroja como un chorro en su boca, desde las mamas ubicadas en el vientre, a ambos lados de la hendidura genital. Ese será el único alimento del ballenato en su primera migración al sur. Desde que nace, el ballenato puede moverse por sí mismo, aunque algo torpemente al principio. Junto a su madre, aprenderá la ruta a seguir hacia las áreas de alimentación en viajes futuros, ya que al segundo año de vida, deberá hacerlo solo.

Madres y crías 

Los primeros meses de las crías son cruciales para su supervivencia. Deben alimentarse con la leche de su madre, desarrollarse y adquirir las fuerzas necesarias para su primer viaje hacia las áreas de alimentación. Por eso, en ese tiempo resulta fundamental la relación con su madre. Cuando los ballenatos son recién nacidos, las madres mantienen un fuerte contacto físico con ellos. Muchas veces las crías se alejan, para jugar o explorar el ambiente, y sus madres nadan hacia ellas para mantenerlas “bajo control”. Además, pasan gran parte del tiempo descansando juntas. Esta relación se modifica cuando las madres regresan con sus crías de un año de edad, ya próximas a ser destetadas. Se genera el denominado “conflicto madre-cría”. Ahora es la madre quien intenta separarse. Ella necesita recuperar sus reservas de energía y prepararse para la próxima preñez. La cría, en cambio, busca mantenerse cerca de su madre, que hasta ese momento fue su fuente de alimento y protección. La separación es inminente, ya que la joven ballena está en edad de iniciar su vida independiente.

Entre ballenas

Mientras las Ballenas Francas se encuentran en Península Valdés, es posible observar diferentes comportamientos. Los mismos dan una idea de cómo se relacionan entre sí. No todas las ballenas que llegan cada año vienen a parir a su cría. Algunos son ballenatos nacidos el año anterior, que arriban con su madre para ser destetados. Otras son ballenas juveniles, de más de un año pero que aún no alcanzaron la edad reproductiva. También llegan machos adultos, y hembras adultas que no parirán en esa temporada. El hecho de que todos compartan el área de cría en el mismo momento, no significa que se relacionen de la misma manera. A través de los años de observaciones, fue posible aprender cómo se vinculan ballenas de diferentes edades y sexos entre sí. Y lo más importante, cómo influyen esas relaciones en su supervivencia y la de su población.

Juveniles y adultos

Las ballenas juveniles no se reproducen ni se alimentan en Península Valdés. Sin embargo, muchos juveniles llegan cada año y permanecen allí varios meses, junto a otras ballenas de diferentes edades. Aparentemente no representaría ninguna ventaja hacer un recorrido tan largo desde sus áreas de alimentación. Entonces, ¿por qué vienen a Península Valdés? Gracias a la observación de juveniles, se sabe que la mitad del tiempo permanecen solos, y el resto socializando, en particular con otros juveniles. Además, suelen jugar tanto solos como con otras ballenas, e incluso con objetos flotantes como algas o sogas.

Pero, según parece, tampoco tienen los mismos comportamientos los juveniles de diferentes sexos. Las hembras juegan más con los ballenatos e interactúan con madres y crías, quizás para aprender a ser madres. Los machos, en cambio, se relacionan más con otros machos jóvenes. Tal vez sea una manera de establecer lazos sociales que pueden ser importantes para el futuro.

Por lo tanto, los juveniles sí tendrían una ventaja al visitar cada año Península Valdés: “aprender a ser ballenas”. Las relaciones sociales que establecen y los comportamientos que practican, en un área relativamente pequeña y con altas posibilidades de socialización, marcarán su vida de adultos y su futuro éxito reproductivo.

El viaje continúa 

Durante su permanencia en Península Valdés, madre y cría se preparan para recorrer una distancia muy larga, hacia las áreas de alimentación. La madre gastó mucha grasa, que usó como fuente de energía durante el ayuno, y para producir leche y amamantar a su cría. Ahora tiene que reponer esa grasa comiendo en las frías aguas del Atlántico Sur. Si bien la mayoría de las ballenas de Península Valdés realiza un viaje de migración similar, no lo hacen todas a la vez. Según la edad y el sexo, algunas parten antes y otras después. Los primeros en dejar Península Valdés son los adultos: machos y hembras sin cría. Luego parten los juveniles, y finalmente las madres y sus ballenatos.

Fuente de informacion: Guia para docentes - Programa Acercando las Ballenas a Tu Escuela - Autores: Liliana Durandeu de San Gil - Hilda C. Suarez - © Instituto de Conservacion de Ballenas - 2007


Cada año llegan a Península Valdés más de 1000 Ballenas Francas, y entre julio y agosto ocurre la mayoría de los nacimientos. No todas las que llegan son conocidas, ni todas vienen a tener cría. Algunos son machos adultos que migran para aparearse. Otras son hembras con su ballenato del año anterior en sus últimos días de amamantamiento. Y también llegan ballenas jóvenes que, si bien no están en edad de reproducirse, pasan la mitad del tiempo haciendo sociales.
Observa los comportamientos reproductivos de las ballenas francas australes capturados por la BBC para la serie Ocean Giants.
http://youtu.be/IQtarYHpzMQ
Desde que nace, el ballenato puede moverse por sí mismo, aunque algo torpemente al principio. Junto a su madre, aprenderá la ruta a seguir hacia las áreas de alimentación en viajes futuros, ya que al segundo año de vida, deberá hacerlo solo.